01 de juny, 2015

Vides d'una casa.

És dissabte pel matí. Un mati assolellat de mitjans de juliol. Puc sentir les rialles infantils i els tambors dels percussionistes que surten cada cap de setmana a tocar pels carrers del poble. L'ambient olora a crema solar i a calamars a la romana. Un matí d'estiu, un matí tranquil. Trec les cartes de la bústia i els dono una ullada, res a nom meu. Els dits rebusquen nerviosos dins les butxaques de la jaqueta. On són les meves claus? Ah, ja està, ja les he trobat. Obro la porta i m'envaeix l'aroma de cafè i canyella. Que n'és d'agradable tenir una cafeteria al costat!
Deixo les cartes a sobre del moble antic de l'entrada. De fet, gairebé tots els mobles d'aquesta casa són antics. Molt antics. Però una vegada van ser nous de trinca. Per aquells temps l'entrada de casa no feia olor a cafè i canyella, més aviat a bestiar. Tot la primera planta, fins i tot la part de la cafeteria i la perruqueria, era l'estable de la casa. Em pregunto qui hi vivia, aquí. Eren rics, això està clar. M'imagino els criats cuidant als cavalls i a les ovelles, mentre el pare de la família i el seu fill gran arriben de fer negocis amb els pescadors. La cuinera de la casa recull el peix que han comprat per poder-lo cuinar posteriorment, a l'hora de dinar. Porta un vestit llarg amb mànigues boterudes, i un davantal a sobre que intenta ser blanc, però té notables taques a causa de la feina que fa.
Pel mig de la cuina passa la senyora de la casa, elegant, magnífica amb el seu pentinat i el seu vestit fet de teles orientals. Llueix joies d'or amb incrustacions de robís i maragdes. S'asseu a una cadira del menjador. L'habitació està decorada amb tapissos religiosos i retrats d'avantpassats. El terra és un mosaic dotat de molts colors, i a sobre s'estira una gran catifa suau d'estil barroc.
Una nena petita corre cap a la dama, aixeca els braços enèrgicament perquè vol asseure's a la falda de sa mare. L'infanta duu un recollit en forma de rosa, que deixa caure subtilment rissos daurats que enquadren la seva carona.
A la planta superior, la filla adolescent es desperta entre llençols de fil. El capçal del llit té policromies platejades, del sostre hi penja un vel semitransparent de color blau cel. La jove s'aixeca i es coloca davant de l'enorme tocador, on hi té exposats numerosos perfums i productes de bellessa de l'època. La minyona entra a l'habitació amb presses i obre les ostentoses cortines. Els rajos de sol banyen l'habitació de tons groguencs i ataronjats. Prepara la vestimenta de la jove i l'ajuda a empolainar-se.
Mentrestant, els convidats entren a la sala gran i s'acomoden per l'àpat, sense imaginar-se que allò seria, uns segles més tard, una sala d'estar bohèmia d'un pis del segle XXI.

Sospiro profundament. Una part de mi desitja poder experimentar aquella època. Quantes vides hauràn passat per una casa de més de tres-cents anys...!

Sweet dream or nightmare?

Can we recognise happiness when it knocks our door? Or is it such an intense feeling we can not control? How bad can a good dream be? And I'm not talking about the stories our unconscious state of mind makes up while we are sleeping. No. I'm talking about our desires, the wishes we make when we blow the candles of a thousand birthday cakes. Desires that turn into idealized dreams that cut the rope between success and misery. The human ambition is endlessly full-filling, some of us always want more. And it's not this “more” that will stop us.
I was a floating feather carrying the weight of a hundred worlds upon my shoulders. I was a timeless paradox, a complete mess. Have I been found? Am I lost forever? Two questions permanently written inside my brain. I didn't know if it was happiness what I was feeling, if there was so much love in my life that I couldn't handle it, or if I was broken forever, incapable of recognising one single good emotion. And what drives me mad is this unknown sensation of blurry emptiness. I don't know if I have all I wanted, all I was begging for. I don't know if I'm an angel flying in a heavenly dream or I'm eaten by the demons in this ordinary nightmare.
The fight of two opposite concepts killing time inside a forest of doubts.
Black and white. Day and night. Warm and frozen.
Life is a world where dreams can become nightmares if treated with simplicity. We have to be aware of what we are seeking for, because if we play with life, in the end it will play with us as well.



The abstraction of this essay can be applied in material concepts, all in itself has an opposite term, a contradiction.  

01 de març, 2015

Tainted soul

Se mordía el labio para reprimir esa dulce angustia provocada por las suaves dudas de sus miradas. Todo su interior se retorcía con fiereza, dejándola sin voluntad alguna de recuperar la compostura. Y los silencios eran matadores, la ausencia de aquellas palabras descuartizantes la mareaba aún más. Ella quería saber algo, lo que fuese, pero saber. La ignorancia la descontrolaba, se integraba en ella la sensación de estar en llamas. Ardiendo. No era simple calidez. Quemaba. Sus pupilas transmitían gritos ahogados, vertiginosos. A sus pies, a los de él, caían diminutos trozos de su alma, que ella intentaba recoger con disimulo, y poco éxito. Desesperanzado veía su patético espectáculo, la descomposición de su ser, y se quedaba inmóvil, paralizado, observando como sus ojos tartamudeaban sentimientos contaminados por el dolor. Sus explicaciones ya no servían, él sabía perfectamente lo que ocurría. Era divertido ver como ella se dejaba la piel para impresionarlo, como cada milímetro de su cuerpo quería ser un molde para él. Y notaba el huracán que la removía por dentro, el anhelo de rozar sus labios con los de él, abrazar el fuego mutuo que consumía el ambiente. La punta de sus dedos buscaba los de ella, el contacto casi pasaba desapercibido, aún así era suficiente para desequilibrar el tempo de sus respiraciones. Un frío beso fugaz los separó dejando en el aire todas las palabras jamás dichas, los suspiros costosamente exhalados. El viento se llevo su olor, el vacío llenó sus pensamientos. Se encontraba en blanco y así tan sorprendida, tan acostumbrada. Movió los dedos en busca de su mano y recibió el palpante frío de invierno. Inspiró casi con devoción para aclarar su cabeza, su corazón en llamas iba soltando chispas en disminución, hasta dejar pobres cenizas decoloradas. Sus fuerzas se desplumaron, y así se desvaneció su tensa expresión, dando lugar a los nervios emergentes. Las llaman mariposas del amor y son bichos desagradables, grotescos y sinvergüenzas que aspiran tu orgullo y razón, pisotean tus ideales y esquemas. Pero ella las mecía entre sus delicados, rígidos brazos. Les dedicaba cantos rotos por sollozos, y deseaba que esas mariposas, esos bichos, nunca se cansasen de consumirla. Ella le agradecía al mundo todos esos mordiscos espirituales que la convertían en alguien sumamente inestable. Ella le agradecía a él la montaña rusa por la cual la llevaba, con una venda en los ojos y sin avisar cuando hay un escalón. Porqué al menos eso la hacía sentir viva. Viva y dulcemente vulnerable. A la vez que potente, poderosa, intensa. Ella era sus incertezas y sus aislamientos. Ella era sus pasiones escondidas, sus envidias, su amor. Ella era él. ¿Él era ella?

12 de febrer, 2015

Underwater.

Me miré los pies, las manos, y cerré los ojos. "Se termina", pensé. El oxígeno se terminaba. Pero, en ese instante, era lo que menos me importaba.
El pelo flotaba alrededor de mi cabeza, liviano, suave. Entrelacé los dedos con algunos mechones. Tiré de ellos.
¿Y el dolor? No lo sentía. No sentía nada.
Me solté el pelo y acaricié el agua lentamente. Solté un suspiro, pequeñas burbujas de aire salían de mi boca para ir a la superficie y encontrarse allí con su delicado fin. Notaba como mis pulmones rogaban que saliera en busca de aire. Me sentía abrumada, casi drogada. Apreté los ojos con fiereza, no quería irme de allí.
No me quedaba otra. Moví los brazos y las piernas con frenetismo, ascendiendo hasta la superficie. La opresión en el pecho era insoportable, asfixiante.
El aire frío me golpeó la cara e inspiré con tanta fuerza que dolía. Mi visión dejó de ser borrosa y pude ver las nubes grises en el cielo. Había empezado a llover.
Las gotas se precipitaban con vehemencia, me acariciaban la piel de la cara ferozmente. Resbalaban por mi frente, bajando por la nariz y el mentón. Corrían por mi cuello, hasta que se perdían en el agua de la piscina. 


Empecé a temblar de frío. 




22 de juny, 2014

No dejamos de darnos cuenta.

A veces te das cuenta de que por muchos esfuerzos que hagas, las cosas no van a salir como tú quieres.
Te das cuenta de que no siempre vas a recibir lo que das.
Te das cuenta de que algunas personas se quedan en tu corazón, pero no pueden quedarse en tu vida.
Te das cuenta de que a veces intentar mejorar empeora las cosas, y te das cuenta de que estás sola.
A veces te das cuenta de que si hubieses sido más egoista, más desconfiada, más fría, todo hubiese sido mejor.
Te das cuenta de que te aferras demasiado a las personas.
Y luego te sueltan.

Te ofrecen la mano y luego te dejan ir. Te caes.
Y ya no sabes qué hacer.

¿Cuántas veces va a pasar lo mismo?
¿En cuántas promesas tendré que creer para que luego las rompan, y me rompan a mi?

Por suerte hay personas que no son así.

Pero hay otras que sí lo son. Dejas atrás tu orgullo, tu egoismo, incluso tu dignidad, sólo por esas personas... Y lo haces sin miedo, sin dudas, sin desconfianza.
Esa persona te ha mostrado que puedes confiar en ella a la vez que ella confia en ti. Esa persona te ha hecho ver que el miedo sólo sirve para perder oportunidades.
Te ha hecho ver que las dudas son una pérdida de tiempo.
Y que está tan asustada como tú. Pero le da igual porqué confia en ti. Porqué te ama.

Después de eso, ¿quién no se entregaría a alguien?

Una vez me dije a mi misma que nunca iba a decir algo que no sintiese o que no pudiese mantener.

Pero tú lo dijiste.
Y me hiciste creer que era cierto.

Tal vez fue cierto. Tal vez realmente sentías lo que me estabas diciendo.
Pero yo no puedo creérmelo. Y jamás debí creérte. Por el bien de ambos.

A veces te das cuenta de que la vida te obliga a empezar una nueva étapa sin que estés preparada para ello.
No dejas de darte cuenta de que siempre tienes el mismo problema; confiar demasiado. Cada vez te prometes que no lo harás.
Y cada vez lo haces.

No dejamos de darnos cuenta de que todo lo que puede llega hasta la cima,
todo lo que puede subir a las nubes,
todo lo que puede brillar,
cae,
baja,
oscurece.