26 de maig, 2016

Voy a decir que me han robado.

Voy a decir que me han robado. La furia el cuerpo las ideas la manera de andar y los silencios. Me han robado la mirada las entrañas las dudas. Voy a decir que me han robado porque no siento que nada sea mio en un mundo tan voluble e impersonal como es el nuestro, donde las ideas se evaporan y son de nadie por mucho que griten y ya no se a que lado mirar si me pierdo, sí, me pierdo, me pierdo y me da igual y no me importa que no vea porque veo lo que siento y lo que no siento ya no está. Y si no me pierdo ya no hay faro azul o verde que me hable porque nací en vano como todos (y no me digas lo contrario). Y fíjate niña, no es el existir lo que me aprieta los pulmones sino la falta de razón de contenido de algo que me tire al mar de golpe y me arrope después. Es aquellos que me dicen convencidos que todo es gris y yo me niego muy rotunda y con coraje porque lo que me mata, querida mía, es pensar que no hay color que valga en un mundo tan voluble e impersonal como es el nuestro. Voy a decir que me han robado.

06 de maig, 2016

Soy un autómata de la naturaleza

Estoy confusa
ahora
y siempre
las estrellas cantan
la canción de sirena
que enloquece
y las escucho
como el autómata
de sus palabras.

Subo una montaña
que no deja de crecer
y mi cuerpo se estremece
cuando el viento
y la lluvia
gritan
entre las ramas
de los cerezos.

No quiero seguir pisando
las amapolas de este campo
y espero que algún día
ella me de las alas
que me permitan huir
hasta el Sol.

Que siempre me está llamando
-lo sabéis-
y se encapricha
con mis párpados
cada vez que cierro los ojos.

Y cuando el viento
y la lluvia
gritan
entre las ramas
de los cerezos
me quedo quieta
por si pasase una liebre
libre
con un mensaje
que jamás creeré mío.
-lo siento-.

Todavía
el colibrí
recita
las olas del mar
y me ahogo en sus versos
buscando el tesoro
de otros labios
y solamente me encuentro
con mis susurros.
-esto también lo sabéis-.

Sabéis
que mi voz es egocéntrica
solo escribo sobre mi
y mis ojos solo saben ver
la belleza en otras caras
porqué en la mía
los relámpagos
dictan suya la zona
de mi piel
y no hay espacio.

En mi pecho
no hay espacio
no cabe
el bosque
de liebres
y vientos
y lluvias
y colibríes
que cantan
y enloquecen.

No cabe
toda la confusión
que es la naturaleza.

No cabe
ahora
y siempre.


Un poema lleno de mugre porqué la naturaleza se pudre.
y me muero de hambre - no he desayunado.

Astros

Ya he marcado en mi piel
el cuerpo estelar que ha quemado
el pasado
cenizas y polvo
recuerdos a trozos
y el olvido
la inocencia del idiota
y la hipocresía del inocente
el amor por el ahora
disfrazado
de sonrisas jóvenes
inconscientes
escribiendo la ficción
en la arena de la playa
pensando que ese era el momento
de mi nacimiento
y mi muerte
sin saber que aún faltaba mucho
para verme
en el espejo.
-de verdad-
Era tan pequeña
y ese anhelo atroz que me comía
que me empujaba encima del tablón
podía oír el agua bajo mis pies
y sin embargo
me creía dueña de la luz de la luna.
Pero ahora que he crecido
ya no escribo con exclamaciones
y el ahora es más tranquilo
y consciente,
el Sol me coge de la mano
y me mira fijamente
para verme
y por fin
me veo.

Avui, que fa sol

Avui, que fa sol
he decidit que al dia hi falta
la teva veu
els teus ulls
les teves mans.
Que el món no es contempla
com quan hi ets
i el Sol
escalfa i enlluerna
amb una buidor desesperant.
El blau del mar és gris,
i les flors no canten els colors.

Avui, que fa sol, i tu no hi ets,
he decidit que el vent no bufa,
i que els cotxes estan quiets.
Que no importa la remor dels carrers
si a dins meu hi ha silenci
absolut.
I viceversa.

Que el tacte es aspre i el gust amarg
d'un dia tan brillant com aquest
perquè la bellesa del món és buida
si tu no hi ets.

L'art no em serveix com a calmant,
al contrari,
em mastega i m'esclafa i després m'escup
i es fa més gran l'abisme
que abraça la tormenta de llamps i trons
contra la que lluito.

Però avui, que fa sol, i tu no hi ets,
he decidit que em sembla maco
i trist
i em fa feliç
que només m'agradi el món si et veig
que només respiri quan tu em toques
i que l'art no és art si no penso en tu.

He decidit que aquesta força
de nou mil huracans enfurismats
que mou el meu interior
empeitarà les meves pors fins a l'abisme
i el mar serà blau
i el vent bufarà,
els colors de les flors ens embriagaràn la vista,
i no em faltaràn
ni la teva veu
ni els teus ulls
ni les teves mans
perquè els besaré cada dia
igual que al teu dolor,
les teves celles enfadades,
la tremolor del nerviosisme.

Avui, que fa sol,
he decidit que no decideixo res,
que em moc per instint
i l'animal que sóc t'anhela a cada instant.

Avui, que fa sol,
contemplo el món amb tu
és senzill i pur,
i ja no em cal res més.



31 de març, 2016

Llegar a un lugar (real) muy deseado.

Me senté en el número nueve dentro de ese bus ya antiguo y un poco hecho polvo. Nada nuevo a esas alturas, los buses que circulaban a diario por mi pueblo y alrededores no ofrecían un aspecto nuevo desde hacia tiempo. Me coloqué los auriculares en las orejas y me quedé observando las musaranyas unos instantes, como si esperase que la música se fuese a reproducir sola, hasta que me di cuenta de mis vacías cavilaciones y seleccioné una canción. El trayecto duraba entre cuarenta minutos y una hora (esto dependía más de la puntualidad del bus que del tráfico en si), así que me dispuse a ponerme cómoda. 
Dentro de mi cabeza aparecían en forma de imágenes las expectativas que guardaba para ese encuentro. Era algo casi habitual, cada viernes nos encontrábamos en alguna parte y hacíamos algo totalmente aleatorio. Cuando bajaba del bus le preguntaba "¿hoy qué toca?" y él me llevaba a cualquier rincón de este revoltoso mundo. 
Me empecé a sentir ligeramente nerviosa. Juraría que la sensación era la misma que la de alguien con hormigas en las entrañas. Hormigas correteando por el estómago, mordisqueando el páncreas, saltando encima de mis pulmones. Tenía hormigas que subían por la tráquea hasta el esófago y me rascaban la garganta. Repentinamente, tenia la boca más seca que nunca. El ligeramente daba paso a un pesadamente, estaba pesadamente nerviosa. Es decir, muy nerviosa. Me incorporé en el asiento y me toqué el cabello esperando recuperar cierta compostura. Esto también era habitual. Cada viernes, a medida que me acercaba a donde él me esperaba, perdía el norte en ese bus (siempre lo cogía a la misma hora), y mis pensamientos bochornosos se evaporaban y huían por el tubo de escape del vehículo. 
Y sin querer pero queriendo llegué a mi destino hecha un ovillo y más impaciente que nunca, de nuevo. Me bajé de ese bus viejo pero entrañable y le pregunté: "¿hoy qué toca?". 
Y dejé que me guiara por este revoltoso mundo.